‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

martes, julio 29

Días nuevos

El sol se cuela por mi ventana... desde aquella noche que no veo a ninguno de mis tres invitados. Solamente Lecter se ha quedado conmigo, en el pueblo me he topado un par de veces con Charlot y su madre quienes me miran de punta a cabo, como siempre la pequeña Antoinette siempre tan cariñosa me saca de la incomodidad que me provoca su presencia.
He podido socializar más con la gente del pueblo, es extraño, pero sobre todos los ancianos y los niños me miran con curiosidad.
Mi compañero de trabajo, Daniel, el profesor de historia me ha hecho compañía estos días, aunque de manera muy discreta.
No tengo muchas ganas de levantarme hoy, Lecter se sube sobre mi y me reclama su comida, me desperezo y decido levantarme.
Alimento a mi gato y tomo un baño. Veo el vestido azul que mi madre me ha mandado de regalo para una ocasión especial, me encapricho y decido usarlo hoy.
Me miro al espejo y me agrada lo que veo, apenas recojo una pequeña parte de mi cabello y pinto muy rojos mis labios.
Llego a la escuela, los chicos ya están en sus asientos, contentos... ellos me alegran tanto, me fijo y Pablo no está... hace una semana que no lo veo.
De pronto se siente una carrera agitada por el pasillo y veo al jovencito de ojos verdes llegar precipitado. Me queda mirando con algo de asombro, yo por mi parte comparto la sensación, no ha pasado más de una semana y el pequeño Pablo se ve bastante más crecido, bueno a su edad dicen que cuando se enferman los adolescentes es porque el cuerpo aprovecha para crecer.
-Pablo, que bueno que ya estés mejor, pero pasa rápido que ya comenzamos la clase-
Lo miro bajar la mirada y dirigirse hacia su lugar.
-Ahora niños retomaremos el tema de la clase anterior ¿quien quiere comenzar?-
Continúan las clases de forma normal y el pequeño Pablo bastante concentrado en su cuaderno...

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Katerina

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