La visión es aterradora, a pesar de que sé perfectamente lo que debiese suceder no puedo evitar sentir miedo ante lo que ven mis ojos. No es lo mismo las imágenes mentales que se asemejan a un sueño que experimentarlo directamente.
Miro hacia Katarina, ella debe estar más asustada aún. El instinto le grita que vaya a auxiliar al pequeño que está desfalleciendo, mirandonos a todos desconcertados.
El rito se hace notablemente más breve que en otras ocaciones. El joven escuálido que la diosa tiene frente si es un mal especimen, siglos atrás lo hubiese dado a los ángeles hambrientos, pero ahora la escases le hace apreciarlo como si fuera un guerrero valeroso.
El instinto materno de mi mujer aflora. Algo distinto late en ella, me mira a los ojos suplincante, pero ¿qué puedo hacer yo? La decisión es del pequeño granuja, si en verdad lleva algo de mi sangre corriendo por sus venas tiene que ser capaz de sobreponerse a este rito.
Veo una vez más a mi flor del averno, ella ahí, bañada por la luz pálida de la luna me sorprende, merece una y mil veces el apodo que se le diera siglos atrás, 'La Dama Azul', su rostro de madonna italiana me cautiva y en la belleza casi virginal que la rodea, puedo sentir en sus ojos un destello aterrador, esa sensación de que una criatura como ella es capaz de ser más fría que las albas de invierno. La obediencia, me asusta la visión de Katerina, es casi como si no fuera humana... me aterra y fascina a la vez. Quizás sea cierto que las mujeres de su estirpe no son humanas como las que decienden de la unión de Eva con Adán.
La diosa nos ha presentado, solamente estamos nosotros dos, ninguna de las opciones que tiene el joven me agrada, pero prefiero tomarlo yo que elija a Katerina, algo que no entiendo bien ¿el honor de la raza? Sería lo mejor.
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Frank
sábado, agosto 9
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