El timbre suena, el ladrón se voltea hacia mi y me lanza un mirada de odio. Me levanto lo más rápido que puedo de la cama, él se acerca quizás para detenerme, pero el buen gato salta contra su cara antes de que su mano me alcance.
Llego hasta la planta baja y muy alterada abro la puerta. Grande es mi sorpresa al ver al joven veterinario, parece un ángel y los nervios ya no responden, al sentirme protegida sólo atino a romper a llorar, él me abraza y me pregunta por lo que está sucediendo.
domingo, octubre 28
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