‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

miércoles, octubre 24

En casa, con un especial invitado

Me pareció ver la figura de alguien entre las altas murallas de la fortaleza. Sentí un miedo gélido al mirar la fortaleza, creí que algo espantoso saldría desde la oscuridad.
Al mismo tiempo una curiosidad tremenda me invadió por conocer a quien pertenecía aquella figura. El gatito presiono sus garritas en mi ropa sin dañarme, pero llamó mi atención, sus ojos extrañamente me aconsejaron correr, me parecio escuchar un leve maullido, pero puede ser mi imaginación, desde que llegamos a casa no ha emitido ningún sonido. Tampoco maulló cuando el joven veterinario lo estaba vendando y suturando una fea herida -parece hecha por el filo de un sable, quizás lo hirieron desde lejos o...- guardó silencio, su complexión alta y noble llamó mi atención, un brillo de preocupación paso fugaz por sus ojos avellanados - ¿ o doctor?- interrogo, se encuentra con mis ojos y sonríe, luego me dice -quizás el gato logró esquivar el ataque y creyéndolo muerto no le dieron el golpe de gracia- escucharlo me heló la sangre ¿en qué lugar vine a parar? El doctor vio mi cara y me tranquilizó, tomo al gato por sus patitas delanteras y le dijo -¡eres un guerrero muy hábil! ¿no?- el gato no maulló, solamente movio su cola en complacencia.
Yo me enternecí ante la reacción del hombre, parecia tan niño al mismo tiempo. Él me miró, me sonrojé, de seguro que notó mi mirada fija. Pero jugando a la ventricuología con el gato me dijo
-no se preocupe señorita, soy muy afortunado de que una joven tan bella como usted llegara a salvarme- me reí mucho aunque al gatito no le parecia muy gracioso, cuando me lo pasó, agregó la palabra -soledad- lo quedé mirando fijamente, algo me perturbó; rápidamente el tomó el gato y apresurado dijo -este animal necesita de mucho amor, se nota que está solo y todo desastroso- se rió infantilmente casi nervioso, pero siempre queriendo mantener la compostura, cosa que hubiese logrado si mi nuevo amiguito no le hubiese regalado un rocío de orina en su delantal blanco.
Avergonzada tomé al gato, dejé el dinero y salí casi corriendo.
El gato pareció complacido.
Llegamos a casa, se niega a tomar su leche, y robó la carne cruda, no quizo comer de la que le cociné.
Ahora que escribo mi diario me mira con majestuosidad, lleva como una herida de guerra sus vendajes, le dejo tranquilo, siento que lame algo, al fin toma su leche con vainilla....
Pero este gato está loco, intento limpiar el diario, estaba bebiendo con avidez de mi copa de cognac....
Supongo que necesita un nombre, mañana le pediré a mis alumnos que me ayuden a bautizarlo.
Estoy cansada, me parece ver una sombra en mi ventana, la misma que me pareció ver en la consulta del doctor. Mejor me duermo de una vez

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