Ella acaba de abrir la puerta y quedo paralizado con la visión que está frente a mis ojos.
Su cabello rizado y castaño cae desordenado por sus hombros cubiertos apenas por dos pavilos de seda celeste. Su carita blanca como el marfil está encendida por el calor de una rápida corrida por las escaleras, sus ojitos rojizos se llenan de lágrimas al verme y se lanza sollozando a mis brazos.
Quedo perplejo, siento su cuerpo. Su carita está hundida en mi pecho, no puedo evitar contemplar las formas tan inusualmente femeninas de esta mujer, me parece tener a la mismisima afrodita entre los brazos. Me reprocho cada pensamiento que instigan mis instintos e intento tranquilizarla. Le pregunto qué sucede mientras lucho contra mi mismo y las reacciones que ella acaba de provocar en mi cuerpo.
La aparto un poco, intento mirarla sin dar cabida a mis pasiones, no entiendo como esta mujer, tecnicamente, una perfecta extraña provoca tal arrabal de sensaciones en mi.
Limpio las lágrimas que surcan su rostro y me extremezco de ternura y un extraño calor al sentir su piel aterciopelada
domingo, octubre 28
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