Alcance a Ellion vagando por entre las estatuas del castillo farfullando en voz baja. Estaba molesta por cierto niño que había vuelto a entrar al castillo, quería información, el chico le parecía curiosamente especial, me sorprendió que no pidiese su cabeza en una bandeja. Yo había visto al mocoso un par de veces, conocía bien el pueblo por lo que no seria difícil encontrarlo, y aunque no entendí los motivos no me detuve a averiguarlos, la excusa era perfecta para poder mantenerme alejado durante un tiempo.
Ansioso como estaba el resto del día pareció eterno, supongo que es normal pensar así cuando estas acostumbrado a tener 24 años por mas de medio siglo. Al caer la noche abandone el castillo de forma sigilosa si Ellion cambiaba de parecer, asesinar a mi victima tomaría mucho menos tiempo que averiguar quien era.
La primera parada la hice al interior de un bar de mala muerte, en la sexta avenida. Si quería información fácil acerca de quien era la muchachita recién llegada no había mejor lugar que ese. Oí al veterinario del pueblo hablar de ella al poco rato, parecía realmente encantado, y yo tuve que aplacar el instinto de romperle el cuello en público. Deje un par de billetes sobre la barra después de enterarme donde encontrarla.
Me sorprendí al ver a Lecter sin más que un par de rasguñones, no se movió al verme ni vino cuando lo llame, el muy traidor se bebió el coñac del vaso de ella, burlándose. Ella se fue a la cama después de limpiar el desastre que mi gato hizo sobre el cuaderno en el que escribía. No sin antes percatarse de mi presencia tras la ventana, es extraño, por lo general pasar desapercibido no es un problema con nadie, pero ella pareciera sentirme. Cuando se hubo dormido entre por la ventana con cuidado de no despertarla. Me sentía descontrolado y sin saber que hacer. Ni siquiera sabia porque la había buscado, ni que hacia parado a lo pies de su cama observándola dormir, pero verla era extramente relajante, hace años no sentía tal ¿paz? Sin notarlo, la luz comenzó a inundar la habitación, por lo que decidí marcharme. Aunque no sin antes tomar su diario y guardarlo bajo mi abrigo. Eche una última mirada buscando a Lecter que se encontraba en un rincón lamiéndose las patas con su acostumbrada sutileza. Lo tome del cuello para llevarlo conmigo pero comenzó a agitarse, lastimándome la cara con sus garras, lo azote contra la pared provocando que los diplomas cayeran sobre el florero lleno de agua que se encontraba en el escritorio, mojando el ordenador portátil. Y volviendo todo un caos. Entonces la vi, el ruido la había despertado.
Ansioso como estaba el resto del día pareció eterno, supongo que es normal pensar así cuando estas acostumbrado a tener 24 años por mas de medio siglo. Al caer la noche abandone el castillo de forma sigilosa si Ellion cambiaba de parecer, asesinar a mi victima tomaría mucho menos tiempo que averiguar quien era.
La primera parada la hice al interior de un bar de mala muerte, en la sexta avenida. Si quería información fácil acerca de quien era la muchachita recién llegada no había mejor lugar que ese. Oí al veterinario del pueblo hablar de ella al poco rato, parecía realmente encantado, y yo tuve que aplacar el instinto de romperle el cuello en público. Deje un par de billetes sobre la barra después de enterarme donde encontrarla.
Me sorprendí al ver a Lecter sin más que un par de rasguñones, no se movió al verme ni vino cuando lo llame, el muy traidor se bebió el coñac del vaso de ella, burlándose. Ella se fue a la cama después de limpiar el desastre que mi gato hizo sobre el cuaderno en el que escribía. No sin antes percatarse de mi presencia tras la ventana, es extraño, por lo general pasar desapercibido no es un problema con nadie, pero ella pareciera sentirme. Cuando se hubo dormido entre por la ventana con cuidado de no despertarla. Me sentía descontrolado y sin saber que hacer. Ni siquiera sabia porque la había buscado, ni que hacia parado a lo pies de su cama observándola dormir, pero verla era extramente relajante, hace años no sentía tal ¿paz? Sin notarlo, la luz comenzó a inundar la habitación, por lo que decidí marcharme. Aunque no sin antes tomar su diario y guardarlo bajo mi abrigo. Eche una última mirada buscando a Lecter que se encontraba en un rincón lamiéndose las patas con su acostumbrada sutileza. Lo tome del cuello para llevarlo conmigo pero comenzó a agitarse, lastimándome la cara con sus garras, lo azote contra la pared provocando que los diplomas cayeran sobre el florero lleno de agua que se encontraba en el escritorio, mojando el ordenador portátil. Y volviendo todo un caos. Entonces la vi, el ruido la había despertado.

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