‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

lunes, octubre 29

...

Katerinna, su nombre me suena a música. Me fijo en el gesto especial de su carita, esa picardía tan segura de sí misma y a la vez una timidez casi virginal. Cojo su mano, no atino a nada, ella lo nota pero disimula mi falta de palabras siguiendo la conversación. Me da el pase, y espera ansiosa, yo no puedo despegar mi vista de sus labios, ahora teñidos de un rojo sangre, su boquita de muñeca se asemeja a un botón de rosa.
La musa de mis sueños me enmudece. Ella me sonríe y atino a responder -No se preocupe señorita, para mi es un verdadero placer ayudarla. Por cierto, no me he presentado formalmente, soy Frank O'Ryan-
Ella sonríe.
Pruebo la tostada que me ha preparado con sus manos de ángel, no me atrevo a recharzarla a pesar que detesto la mermelada de frutillas, pero al primer bocado me maravillo con el sabor del confite, se asusta por mi cara y se excusa diciendo que es casera y que la preparó ayer antes de encontrar a Lecter, me maldigo por mi cara y nerviosamente intento explicarle lo que sucede
-no, no me mal entienda, está realmente exquisita, de hecho nunca me ha gustado mucho la mermelada, excepto la de mi abuela Inés, pero he de confesarle que nunca había probado una tan rica- ella se sonríe, y yo no puedo evitar comer de timidas cucharadas la fruta azucarada, mientras ella me cuenta de donde viene y la universidad, yo torpemente le respondo.

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