Asi conversamos un rato, le dije mi nombre, que tengo 22 años y que siempre deseé ser maestra.
Supe que él estudió medicina general y después de titularse, decidió cambiar el rumbo y estudiar veterinaria, todos pensaron que era una locura, pero este pueblo es esencialmente granjero, así que trabajo no le fata, aunque de todos modos debe ejercer a doble partida ambas profesiones.
Frank tiene 26 años y vive solo, creo que tiene novia, cosa que me confundió algo, ya que el la llama 'amiga'.
Veo el reloj y ya son las ocho y quince, debo apresurarme.
Frank decide acompañarme hasta la escuela, de pronto noto que falta Lecter, me preocupan mucho sus heridas.
Lo llamo con insistencia, algo llama mi atención entre los arbustos, una sombra, estoy segura. Voy decididamente para ver de qué se trata, pero Lecter sale desde los arbustos con una ramita con flores en su hociquito.
Se acerca a mi y se frota en mis piernas, deja la ramita en mis pies, yo lo tomo en brazos y cojo las florecitas azules.
-¡oh mi dulce Lecter! ¿qué hubiese hecho sola, sin ti?- me sonrio mientras lo acaricio, me vuelvo al doctor y le pregunto
-¿no es un encanto, Frank?- él sonrie y asiente.
Algo sigue molestándome con respecto a los arbustos, pero Lecter reclama cariño y atención. Escucho niños, deben venir a la escuela. Me fijo en los vendajes del gato, me preocupa. Le pido a Frank que lo cuide y lo sane, por favor. Lo dejo en sus brazos y corro a dar mi segunda en esta escuela.
lunes, octubre 29
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