‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

lunes, noviembre 5

Amanecerá pronto, la oigo hablar pero sus frases suenan inconexas. Algo en mi anhelo por demasiado tiempo volverla a ver, a sentir. Pero la costumbre de estar solo, de vagar antes de la salida del sol por las torres del castillo. De necesitarla como algo inalcanzable, acostumbrado a los silencios, todo consigue que me sienta prisionero. Al mirarla a los ojos descubro a la misma mujercita que he amado desde siempre, pero el reflejo que me devuelve su mirar no es el de antes, yo no soy el mismo, aunque la haya amado siempre. Tantos malditos años, y parecemos de pronto dos extraños en la misma habitación.
Necesito caminar, pensar, no ver su carita y su sonrisa que me hacen sentir haberla traicionado. Ahora entiendo el paso del tiempo, ¿los recuerdos son acaso solo recuerdos? Vuelvo a ella, la beso comprendiendo que si no consigo ordenar este caos que cae como castigo de los dioses, nada abra valido la pena.
-Perdóname- susurro
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Lucca

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