‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

viernes, noviembre 2

En la cocina

Esta situación se ha vuelto un vaivén de emociones extrañas. Primero, busque a Katerinna sin motivo coherente alguno. Segundo el mocoso, pablo, vino a mí sin pensarlo, y tercero tengo la ligera impresión de que Lecter planeo todo esto, lo que es completamente absurdo. A eso puedo agregarle, que he pasado de aguantar las ganas de matar al menos tres veces desde anoche, a quedarme paralizado cual niño ante un examen, cada vez que Katerinna me sonríe. Solos en la cocina, semi apoyado contra la pared, la observo mientras ella saca del refrigerador la torta de cognac y se ruboriza al notarme absorto en su figura. Me acerco a ella como si fuera una presa de caza, casi sin dejarme oir, embelesado por el olor dulce que ella desprende, mientras el corazón en mi pecho late cada vez más fuerte. Es como la vez que la oi cantar en francés, en el bosque. Solo conmigo. No puedo evitar tomarla de la cintura y ayudarle con el plato, sin necesidad de hacerlo, mas cerca de su cuello blanco con su aliento casi rozando mi cara. Lejos de moverse o sacarme de encima se queda quieta y se apoya en mi pecho sin hablar. Sonríe de forma letárgica, perdida en algún sitio que desconozco, pero me es extrañamente familiar

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Lucca

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