Ninguna frase parecía apropiada para relatar la única historia interesante de este pueblucho, sin mentir aunque fuera un poco. Pensaba en Katerinna y en las moras, cuando el viento raudo, entro por la ventana, inundando la habitación y revolviendo los papeles. Era la misma presencia que había sentido en el parque de estatuas alguna vez y la misma que me había perseguido durante todo el día. No pude sentir temor por mi, fue más como el miedo de esta tarde, cuando caminaba con mi profesora y ella me pregunto si podía llevarla al jardín de estatuas. Realmente me molestaba tener que preocuparme por alguien que apenas conocía, pero ella se había vuelto importante. Abrace el recipiente de cristal como queriendo protegerla, de inmediato me sentí estúpido. Tenia que terminar el odioso ensayo y dejar de pensar en cosas sin importancia.
"Cuenta la leyenda, que existió una vez…
Pero, ¿y si ella realmente estaba en peligro?
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Pablo
viernes, noviembre 9
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