‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

viernes, noviembre 2

De vuelta en el castillo

Camino a paso lento, sin saber hacia donde me dirijo. Pienso en Ellion, a pasado tiempo desde nuestro ultimo encuentro. Siento el viento helado, ahora me reprocho el hacer abandonado mi abrigo, pero la idea de volver por el es reconfortante, al menos esa es una excusa coherente para regresar con la pequeña aparición que de pronto se ha vuelto un pensamiento constante en mi cabeza. En medio de la calle iluminada de forma tenue por los postes y las luna. Me siento solo de forma inevitable, pienso en Elizabeth y en Katerinna confundiendo sus nombres y sus rostros, por primera vez en setenta años, el rostro de Elizabeth parece difuminarse de mi memoria. Enciendo el ultimo cigarro que queda en mi bolsillo y me siento en el piso a ala espera de lo que sea, juego con las imágenes, invoco nombres olvidados en el tiempo, sensaciones de otras épocas, y luego su nombre, eso lo funde y lo confunde todo. Ha sido un día realmente largo.
Afuera del castillo, de pronto me siento aterrado de cruzar el parque de estatuas a oscuras. Como aquella vez, la primera. Camino a paso a raudo, cabizbajo, como si esperara un reto, por un mal comportamiento. Entonces la siento deslizarse a mis espaldas, susurrar en mis oídos a través del viento, esta divertidamente molesta, detesto cuando me hace sentir como un niño, juega alborotando todo a mi alrededor, se mescla con la oscuridad, es solo esencia, pero ahí esta, lo se, estoy acostumbrado a sentirla así, pero hoy esta encaprichada. Susurra mi nombre, mientras avanzo intentando no caer en su juego, pero ella alborota el viento, las hojas de los arboles revueltas en remolinos me niegan el paso, y las estatuas cambian y sonríen siniestras, se mueven como las piezas de un tablero de ajedrez. El jocker, los guerreros, los lobos, el dios del trueno y finalmente la misma Ellion hecha piedra.
-Buenas noches, querido.
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Lucca

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