-Mi gato esta bien, gracias- respondo cerrando la puerta de improviso. Pero el doctorcito es rápido, y la detiene con la punta del zapato.
-Yo soy el veterinario, eso debería decidirlo yo. Y pensé que era su gato.
El tipejo es divertido, mientras se mantenga lejos de ella, pretendo moverlo de la puerta, cuando siento una vocecita cantarina a mis espaldas.
-¿Doctor Frank?
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Lucca
jueves, noviembre 1
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