‘Raza de Caín, sube hasta el Cielo

¡Y arroja a Dios sobre la Tierra!’

sábado, noviembre 3

Una ola salvaje de placer me invade, no puedo creer que le esté permitiendo explorar con su lengua mi intimidad, pero él lo hace como si supiera el lugar exacto donde estimular, incluso la presión y la frecuencia, siento que los senos me van a explotar por el placer y un cosquilleo intenso se apodera de mi femeneidad.
Él lo nota, de pronto para y me besa, sube con la misma lentitud con la que bajó, se toma su tiempo para acariciarme. Acaricio su abdomen con mis uñas y toco su miembro, lo acaricio con suavidad y noto todo su esplendor tensado al máximo, mi índice topa con una gota de miel que emana de su virilidad, la recojo con suavidad y la llevo a mis labios, se sorprende con mi gesto. Con suavidad pero con firmeza mis uñas acarician cada parte de su intimidad.
Una curiosidad enorme me empuja a beber de su miel desde la fuente misma. Beso con timidez su miembro, el gime de placer.
Poco a poco mi boca va probando cada vez más de su exquisita intimidad. Mientras mis uñas recorren con delicadeza el tesoro donde su cuerpo guarda toda la potencia de la vida.
Con su mano en mi nuca guía mi boca hasta introducir lo que más puede su ser dentro de mi. Mis dientes rozan con suavidad su miembro, mientras el ritmo se incrementa y sus gemidos ya no son susurros, sino que toman fuerza-
Su voz varonil enciende aún más mis pasiones y noto como su virilidad gana en volumen... presiona mi cabeza con más fuerza, pierdiendo su mano en mi cabello...
Libero su miembro de mi boca, lo recorro con mi lengua en toda su extensión. Le miro, mientras con delicadeza paso mis dedos por mis labios, sus ojos brillan de pasión....

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