Tocaron a la puerta apenas un par de minutos después de que Katerinna y Pablo fueran a la cocina. Recorrí el pasillo que llevaba a la entrada con tal calma, que tuve la impresión de estar exasperando a quien fuese que se encontrara al otro lado de la puerta. Un placer insospechado me inundo al abrirla y toparme de frente con el doctorcito, quien balbuceo una excusa casi incomprensible antes de notar con quien hablaba.
-Buenas doc.
-Buenas doc.
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Lucca

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